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Elena Moncada, víctima de trata y prostitución: “Me enamoré de mi proxeneta”

  • camifurrer6
  • 15 nov 2021
  • 5 min de lectura

Actualizado: 16 nov 2021

Hablamos con Elena Moncada, victima de trata y prostitución. Moncada pasó más de 20 años de su vida parada en las esquinas. Hoy nos cuenta su dura historia.

18 horas fue el horario pactado para la entrevista. Por supuesto, por plataformas virtuales. La pandemia y las distancias impiden verse cara a cara. Media hora antes, Elena ya estaba esperando que sean las seis de la tarde para contarnos un poco todo lo que vivió y, sobre todo, sufrió. Llegado el horario y entre presentaciones, risas y algunas sonrisas, comienza a contarnos un poco de su historia. Ahora se la ve libre, fuerte y feliz pero ha pasado una vida tormentosa. Hoy se define como “una sobreviviente” de la trata de personas y la prostitución.


Nació en la provincia de Santa Fe y tuvo una crianza muy machista y patriarcal. Vivió en la pobreza y la marginalización. Tiene 20 hermanos. Su madre falleció prendida fuego a sus 8 años de edad. A partir de ese momento su vida tomó un giro inesperado. Moncada y sus hermanos quedaron a cargo de su papá, quien decidió sobre sus vidas como si fuese suya. Nadie la cuidaba. Ella crecía y se desarrollaba y sus tíos la tocaban, le daban besos muy cerca de sus labios, le decían barbaridades…Elena no entendía mucho, era pequeña e inocente. No distinguía sobre lo que estaba bien o estaba mal, ni mucho menos le habían enseñado sobre sus derechos.


A sus 19 años conoce a su fiolo. Elena junto a su proxeneta se fueron a vivir a la ciudad de Buenos Aires, donde estuvo más de 30 años prostituyéndose. Pasó mucho tiempo envuelta en las drogas, “para sentir menos dolor, para olvidarme de la cara de los tipos que no conocía y me daban rechazo, para que el tiempo pase más rápido, para escapar de la realidad” cuenta la entrevistada.


Hoy en día vive de sus dos libros. Su primer libro, “Yo elijo”, cuenta su dura historia en profundidad. Luego, en su segundo libro, “Después, la libertad”, explica de qué manera logró construir una nueva vida. Elena nos dice, “nadie es libre del todo, pero bueno, yo me libré de las drogas, de la prostitución y del alcohol”. Además, Moncada fundó la ONG “Mujeres en Actividad”. La misma va a cumplir 13 años desde su fundación.


Tuvimos una conversación profunda con Elena, donde nos contó sus secretos más profundos y una realidad muy diferente a la que acostumbramos a ver. Estamos convencidos de que todo lo que dijo fue una prueba de su valentía para condenar la hipocresía de los demás.


1. ¿Cómo fue el momento en que entraste a la prostitución?


Cuando cumplí 17 años, conocí a quien fue mi marido; con él me casé -por obligación de mi papá- y tuvimos cinco hijos. La relación con el padre de mis hijos fue de extrema humillación, violencia y maltrato. A los 2 o 3 años de la relación, me separé y ahí conocí a mi fiolo. Me enamoré de él. Como quien dice, “me enamore de mi violador”. Bueno, yo me enamore de mi fiolo. Porque imagínate, yo vivía en mucha pobreza, cuando me agarró él me sentía Cenicienta. Me dió muchos lujos. Pasado un tiempo, el fiolio empezó a exigir cierta cantidad de dinero por día. Por darte un ejemplo, me decía que vaya a tal ciudad y en un día tenía que traerle 10 mil pesos, lo que suponía acostarse con más de 30 hombres en un día. Luego de dos años de “relación” pude independizarme de mi fiolo y comencé a trabajar en las esquinas como prostituta. Hasta que conocí a mi proxeneta; otra persona que me enamoró, manipuló y sedujo.


2. Anteriormente nos comentabas la cantidad de años que estuviste en la prostitución… ¿Qué te llevó a estar tanto tiempo y aguantar tanto? ¿En algún momento creíste que no tenías salida? ¿Cuándo fue que te diste cuenta que ya no podías seguir ahí?


Fui seducida y manipulada por mi fiolo; yo era muy pobre y él me pintó un mundo que para mí era inalcanzable. Después es muy difícil salir. Yo no tuve un momento en que el que pensara que no debía estar ahí. Yo siempre dije que nací para ser prostituta; tantos acontecimientos que viví me llevaron a pensar eso. También estaba la necesidad de juntar plata, refaccionar mi casa, llevarle un plato de comida a mis hijos… no veía otras opciones.

Después de muchos años, viví una escena muy trágica y que, sin darme cuenta, me hizo pensar en dónde estaba y que quería. Una noche vi como un hombre agarraba una botella de vidrio y se la partía en la cabeza a una de mis compañeras prostitutas matándola. Sin darme cuenta empecé a tomar conciencia y entendí que no quería terminar de esa forma, que la próxima podía tocarme a mí.

Y otro momento crucial, que también me hizo reflexionar mucho, fue cuando mi hija me dijo que estaba embarazada; enterarme eso fue casi tan fuerte como que me hayan violado una y mil veces. Mis hijos e hijas sabían de mi historia, pero ¿mi nieto? ¿Cómo iba a contarle quién era yo? Me avergonzaba mucho. No quería que él me viera así. De a poco me fui despegando de todo eso y me volví a mi ciudad natal, a Santa Fe.

3. Hoy en día sos una mujer fuerte, valiente y libre; que logró salir adelante. Pero, suponemos que te dejó muchas consecuencias. ¿Qué procesos tuviste que pasar cuando saliste de la prostitución y cómo lo llevas hoy?


Nunca tuve que hacer rehabilitación o terapia. Sí me dejó muchas secuelas, yo siempre digo, todo lo que hemos pasado y las secuelas que nos deja son similares a las que te dejan haber ido a la guerra. Una de las peores consecuencias que me dejó la prostitución son las cantidades de enfermedades que contraje. Gracias a Dios nunca el VIH pero sí Hepatitis B, HPV, virus del papiloma humano y sífilis.

Además siento que me robaron mi identidad y eso es muy fuerte para mí. Yo nunca fui “Elena” durante todos esos años. Siempre tenía nombres distintos, Gladys, Sofía, Mónica… nunca me sentí siquiera mujer y es muy duro. Te arruina la psiquis.


4. Desde la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR) y su referente, Georgina Orellano, entienden que es un error ver las dos posturas que se tienen como una grieta -regulacionismo y aboliscimo de la prostitución- y que son dos posiciones que no son ambivalentes, sino que pueden coexistir. ¿Vos cómo lo ves?


Yo comencé a trabajar en AMMAR junto a Georgina Orellano y otras referentes que tiene esa Asociación. Ahí me obligaban a decir que yo era trabajadora sexual. Algo que me daba mucha vergüenza. Yo soy abolicionista y no de las prostitutas, sino del proxeneta. No se puede llamar "trabajo" a la prostitución, porque no se lo recomendarías a tu hija. Yo no quiero que mi hija trabaje de eso. En la prostitución vos no sos dueña de tu cuerpo, vos no elegís, te eligen. Muchas feministas tienen y dicen este lema de “mi cuerpo es mío” y al mismo tiempo quieren políticas que regularicen la prostitución. Entonces, ¿de qué estamos hablando? En la prostitución somos un objeto. La prostitución no se elige. No he conocido ninguna mujer que me haya dicho que está en ese lugar por elección. A lo mejor alguna puede elegir, como Moria Casán, pero es porque tiene plata. El resto no lo elegimos nunca.


5. Por último, ¿qué medidas crees que son urgentes y que deben implementar los gobiernos para luchar contra la trata con fines de explotación sexual?


Creo que faltan políticas públicas. Necesitamos un cambio social que deje de ver como trabajo a la prostitución. Al Estado le pedimos opciones laborales, acceso a un trabajo digno. Pero mientras no se ponga la palabra prostitución en agenda no podemos llegar a ninguna parte.


 
 
 

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